Freelance, contractor o empleado: qué se gana y qué se pierde
Las tres modalidades no se comparan por el número que aparece en la oferta. Se comparan por lo que queda a tu cargo, cuánto tarda en volver a entrar plata si se corta, y cuánto de tu tiempo se va en algo que no es programar.
«Como freelance cobrás el triple.» A veces es cierto en bruto y casi nunca lo es en mano, y la diferencia no está en los impuestos: está en las semanas que no facturás, en el mes que el cliente paga tarde, y en las horas que se van en presupuestar, perseguir cobranzas y buscar el próximo trabajo.
Ninguna de las tres modalidades es mejor: son tres repartos distintos del mismo riesgo. Lo que conviene saber antes de elegir es qué parte del riesgo te toca a vos y si estás en condiciones de sostenerla.
Quién se queda con cada riesgo
| Empleado local | Contractor para el exterior | Freelance con varios clientes | |
|---|---|---|---|
| Quién consigue el trabajo | La empresa | La empresa, una vez | Vos, todo el tiempo |
| Qué pasa un mes flojo | Cobrás igual | Cobrás igual mientras dure el contrato | Cobrás lo que facturaste |
| Aportes, obra social e impuestos | Incluidos | A tu cargo | A tu cargo |
| Vacaciones y licencias | Por ley | Sólo lo que diga el contrato | Las que puedas pagarte |
| Si el trabajo se termina | Indemnización y preaviso | El preaviso del contrato, suele ser corto | Se termina y ya |
| Techo del ingreso | La banda del puesto | El contrato | Cuánto podés vender y entregar |
| Horas que no son trabajo técnico | Casi ninguna | Pocas: administración propia | Muchas: vender, presupuestar, cobrar |
Las horas que no se facturan
Un mes tiene alrededor de 160 horas laborables. Nadie las factura todas, y quien arma su tarifa suponiendo que sí va a descubrir el problema tres meses después.
| En qué se va el tiempo | Cuánto, en un mes normal |
|---|---|
| Buscar trabajo: mensajes, llamadas, propuestas | 10 a 20 horas |
| Presupuestar y estimar | 5 a 10 horas |
| Administración: facturas, impuestos, cobranzas | 5 a 10 horas |
| Formación y herramientas propias | Lo que te puedas dar |
| Reuniones que no entran en ningún proyecto | Más de las previstas |
Cuándo conviene cada una
| Tu situación | Qué suele funcionar mejor |
|---|---|
| Primer o segundo año de experiencia | Relación de dependencia: alguien revisa tu código y te paga por aprender |
| Necesitás ingreso estable y previsible | Empleo o contrato largo, aunque el bruto sea menor |
| Tenés ahorro para tres a seis meses y red de contactos | Freelance es viable: el colchón es el requisito, no la valentía |
| Querés ingreso alto sin vender todo el tiempo | Contractor con un cliente principal y contrato largo |
| Te interesa el negocio, no sólo la técnica | Freelance, aunque el primer año rinda menos |
| Estás quemado en tu trabajo | Cambiar de trabajo primero: independizarse cansado suele salir mal |
Antes de seguir, predecí
El camino de en medio
Casi nadie salta de golpe, y quienes lo hacen bien suelen pasar por una etapa mixta.
Empezar sin renunciar
- Un cliente chico en paralelo. Con lo que te permita tu contrato actual: revisá la cláusula de exclusividad y de competencia antes, no después.
- Cobralo como lo vas a cobrar siempre. Factura, plazo, contrato. La práctica administrativa es la mitad del oficio y se aprende mejor sin urgencia.
- Medí cuánto tiempo te llevó vender y cobrar, no sólo cuánto te llevó hacerlo. Es el dato que después define tu tarifa.
- Armá el colchón antes de renunciar. Tres meses de gastos es el mínimo razonable; seis te deja rechazar un mal cliente, que es lo que realmente te sube el ingreso.
- Renunciá cuando el segundo cliente ya exista, no cuando exista el primero.
La decisión, en vivo
Escenario · 1 decisión como mínimo
Te ofrecen un proyecto de seis meses y tenés trabajo en relación de dependencia
Un contacto te ofrece un proyecto de seis meses por un 50 % más de lo que cobrás hoy. Tenés dos meses de gastos ahorrados. ¿Qué hacés primero?
Mes siete: el proyecto termina, no hay renovación y tardás dos meses en conseguir el siguiente.
DesenlaceLos dos meses sin facturar se comieron buena parte de la diferencia, y el colchón se terminó justo cuando aparecía una propuesta mala. Ese es el momento en el que se aceptan los clientes que después duelen.
Seguís en tu trabajo. Seis meses después seguís con la misma duda.
DesenlaceNo perdiste nada, salvo información: hacer la cuenta y preguntar por la renovación cuesta una tarde y te deja la decisión tomada para la próxima vez, que va a aparecer.
La cuenta neta da un 15 % más, no un 50 %. Y te dicen que la renovación depende de cómo salga el proyecto. ¿Qué hacés?
Aceptás. A los tres meses el cliente pide ampliar el alcance sin mover el presupuesto.
DesenlaceSin margen en el precio no hay margen para decir que no. La tarifa no cubre sólo tu trabajo: cubre también la posibilidad de negarte.
Trabajás dos meses en paralelo, a veinte horas semanales.
DesenlaceTerminás con un cliente real, una referencia, plata para el colchón y —lo más valioso— una medición honesta de cuántas horas te lleva vender, entregar y cobrar. Con eso, la próxima decisión ya no es a ciegas.
Aceptan un 20 % más y tres meses garantizados de preaviso.
DesenlaceAhora sí la cuenta cierra: el preaviso reemplaza en parte a la indemnización y el precio cubre la búsqueda del próximo cliente. Lo que cambió no fue el proyecto, fue haber puesto el riesgo en el número.
Las tres buenas salidas empiezan igual: hacer la cuenta neta antes de decidir. Las malas empiezan comparando un bruto con un neto.
Cierre
Autoevaluación
¿Lo entendiste?
Práctica