Cramer resuelve un sistema comparando volúmenes orientados. Es elegante para demostrar y para sistemas chicos, pero entender sus límites evita usarla donde Gauss gana por mucho.
La regla de Cramer parece magia: reemplazás una columna por los resultados, calculás dos
determinantes y aparece una incógnita. No es un truco. Cada determinante mide cuánto
volumen aporta una columna, y el cociente pregunta qué proporción de esa columna hace
falta para construir el vector del otro lado.
El sistema, leído como combinación de columnas
El sistema
Ax=b
pregunta con qué coeficientes hay que combinar las columnas de A para obtener b.
En dos dimensiones, si A=[a1a2],
x1a1+x2a2=b.
Si las columnas son independientes, forman un paralelogramo con área no nula y cada vector
del plano tiene una combinación única. Esa es exactamente la condición detA=0.
El sistema: 3x + 2y = 12 y x + 4y = 14. La matriz de coeficientes y el lado derecho.
1 / 6
Cada incógnita sale de reemplazar su columna por el lado derecho y dividir. Lo lindo es leerlo como áreas: el determinante de abajo es el área del paralelogramo original, y el de arriba, la del deformado. La incógnita es el factor de escala entre las dos.
Antes de seguir, predecí
Reemplazar una columna por el término independiente
Para aislar x1, reemplazamos la primera columna por b:
A1=[ba2].
Como b=x1a1+x2a2 y el determinante es lineal en cada columna,
det(A1)=x1det[a1a2]+x2det[a2a2].
El segundo término vale cero porque repite una columna. Entonces
det(A1)=x1det(A), y de ahí sale el cociente de Cramer.
La fórmula
Para un sistema cuadrado con detA=0,
xi=det(A)det(Ai),
donde Ai es la matriz que resulta de reemplazar la columna i de A por b.
El denominador confirma que las columnas originales forman una base. El numerador mide
el volumen orientado cuando una de esas direcciones se reemplaza por el vector objetivo.
Un ejemplo resuelto
Resolvamos
2x+yx−y=7,=2.
La matriz y el vector son
A=[211−1],b=[72],detA=−3.
Para x reemplazamos la primera columna:
detA1=det[721−1]=−9,x=−3−9=3.
Para y reemplazamos la segunda:
detA2=det[2172]=−3,y=−3−3=1.
Con determinante cero no dice nada
Si detA=0, Cramer no se puede aplicar porque dividiríamos por cero. Eso no distingue
entre un sistema incompatible y uno con infinitas soluciones: sólo dice que las columnas
no forman una base y que la solución, si existe, no puede ser única.
Para decidir entre cero e infinitas soluciones hay que comparar rangos o continuar con
Gauss. Cramer detecta unicidad; no clasifica por sí sola todos los sistemas singulares.
Para qué sirve y para qué no
Cramer es excelente para:
sistemas 2×2 o 3×3 con números cómodos;
demostrar cómo depende una solución de los términos independientes;
obtener una sola incógnita sin resolver todas las demás;
fórmulas simbólicas y argumentos teóricos.
Para sistemas numéricos grandes es una mala elección. Calcular muchos determinantes cuesta
mucho más que una eliminación de Gauss o una factorización LU, y además acumula más error
numérico. Elegante no significa eficiente.
La misma expansión da la inversa
La misma expansión que produce Cramer lleva a la fórmula de la inversa:
A−1=detA1adj(A),
donde la adjunta es la transpuesta de la matriz de cofactores. Entonces
x=A−1b contiene, coordenada por coordenada, los cocientes de Cramer.
Es otra fórmula valiosa para teoría y matrices chicas. En cálculo real, la inversa tampoco
se construye para resolver un sistema: se factoriza A y se resuelve directamente.
Por qué casi nunca se usa
Método
Costo para n incógnitas
Estabilidad numérica
Cramer
n+1 determinantes
mala
Eliminación gaussiana
cúbico
buena con pivoteo
Descomposición LU
cúbico, y reutilizable
buena
Métodos iterativos
depende, para matrices ralas
buena si converge
Cramer sirve para entender la estructura de la solución y para casos de 2×2 a mano. Para resolver de verdad, cualquier biblioteca usa una descomposición.
Cierre
Cramer funciona porque el determinante es lineal y porque repetir una columna mata el
volumen. Reemplazar una columna por b deja viva exactamente la parte asociada a una
incógnita. Si recordás esa idea, la fórmula deja de ser magia y también queda claro cuándo
no conviene usarla.